Hay que hacer una reconstrucción basada en las personas, la ciencia y la empresa

«Hay que hacer una reconstrucción profunda del sistema a 20-30 años vista basado en las personas, la ciencia y la empresa», Manuel García-Portillo, Empresario y Alumni Ilustre de la Escuela

 

Manuel García-Portillo, socio fundador de Tecnidex, presidente de Ecofira durante varios años, actual Presidente de AINIA y del Grupo MGP, que se dedica a explorar nuevas actividades en el campo agrario y agroindustrial, entre otros papeles destacados en el ámbito empresarial valenciano y nacional, es un profesional profundamente inquieto. En la entrada del blog «Hay que hacer una revisión del sistema para replantear una reconstrucción profunda a 20-30 años vista», reproducida a continuación, explica su visión de dónde nos han conducido las políticas de los últimos 70 años y opciones alternativas cuya implementación la pandemia del COVIRUS-19 hace insoslayables. De hecho, en sus actividades empresariales, ya ha abordado caminos alternativos que adquieren, ante la situación actual, carácter casi proféticos.

La publicación original es el post con ese nombre del blog de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Agronòmica i del Medi Natural (EAMN) perteneciente a la Universitat Politècnica de València (UPV), del que el autor es Alumni Ilustri.

 

A finales del 1800, mi tío abuelo Antoni Iñesta, nacido en Moixent y jesuíta, fue el primer rector de un gran colegio de Barcelona: Sant Ignasi-Jesuítes Sarrià, junto al actual instituto químico de Sarrià, IQS, que se fundó a principios de 1900 cuando mi tío fue Provincial de los Jesuitas de Aragón, Cataluña, Valencia y Las Islas Baleares.

El lema del IQS era: PERSONA, CIENCIA, EMPRESA

Toda mi familia procede del mundo universitario. Mis padres, maestros; sus hermanos, doctores, catedráticos y universitarios en general. Yo tuve la suerte de estudiar en esta escuela de Ingeniería Agronómica, lo que hace 45 años se llamaba ingeniería técnica agrícola y que hoy se denomina Grado. Además, tengo el honor de que a finales del año 2018 me galardonaran en este centro con el título de Alumni Ilustre de la escuela a la que me siento unido porque aquí me formé. También tengo el honor de presidir el Instituto Tecnológico Agroalimentario (AINIA) y además, porque forma parte la agricultura y alimentación del llamado actualmente grupo de Servicios Esenciales.

¿Quién en Valencia no se siente orgulloso de haberse criado entre campos, muchos conservando aún un campito, con sus naranjos o su huerta, disfrutando con la familia y amigos de una buena paella los domingos?

A mis antepasados por Moixent parece ser que los llamaban “els Llauradors” porque tenían propiedades rústicas que trabajaban en ese maravilloso triángulo, Moixent, la Font y Fontanars, llamado Alforins por los árabes o lo que es lo mismo, tierras fértiles de secano entre preciosos valles y sierras del interior mediterráneo.

En esos valles y sierras y a través de una empresa de mi propiedad, POGARMA, estoy realizando un proyecto de desarrollo rural, llamado Proyecto Origen, reconstruyendo masías abandonadas, cultivando viñedos y olivares donde ya lo hacían los íberos allá por el siglo IV A.C., recuperando bodegas y almazaras artesanas. Es un proyecto que pretende revivir nuestro pasado y proyectarnos hacia el futuro desde la madre tierra y contemplando su autenticidad y la grandeza de nuestra biodiversidad.

En este transcendental momento de nuestra historia, en el que un virus, COVID-19, nos ha confinado a más del 80 {7a5b4c13cb1f2215b85faae10ba46bf294835e1da82fff62fa149b3075191971} de la población en nuestras casas de las ciudades, deberíamos dedicar buena parte de nuestro tiempo a analizar por qué hemos llegado hasta aquí. Creo que es un momento excelente para reflexionar si el mundo que hemos creado, distanciado cada vez más del territorio, era lo que queríamos cuando se llamó a todo el mundo rural allá por 1950 a abandonar el territorio en busca de un mundo mejor en las ciudades.

Se cerraron escuelas, se fueron los médicos, se quedaron los pueblos y aldeas sin servicios y lo que es peor, se denostó la agricultura y se enviaron mensajes a la sociedad de que el sector primario no tenía ningún futuro y en algo de eso había razón, porque se creó la OCM, la Organización Común de Mercados, para crear una competencia global y no regional. A esta misma OCM se le olvidó que se debe crear una competencia entre iguales, ya que no es posible competir con estructuras de costes diferentes y aún peor, con regímenes que no protegen los derechos humanos de las personas, pero así lo aceptamos aunque la agricultura y nuestros pueblos con su cultura e historia forman parte de nuestras señas de identidad.

Menos mal que en nuestra España, en nuestro Mediterráneo, cuna de civilizaciones, y en nuestra VALENCIA, el arraigo de la gente a nuestra tierra y a nuestra agricultura consiguió que ésta no desapareciera, porque Europa, en un alarde de irresponsabilidad, ha hecho suficientes esfuerzos para comprar fuera de Europa y no en su maravilloso Mediterráneo. Posiblemente, gracias a que los agricultores franceses aún tienen más arraigo y más apego por el terruño que nosotros y también porque han sabido conservarlo a través de su cultura, sus chateaux y su inversión en marcas, Burdeos, Champán…..han conseguido una agricultura rentable para sus agricultores.

Nunca en Francia ha llegado a ser alguien presidente del estado sin dedicarle largos discursos al mundo rural y a prestigiar su agricultura y sus agricultores.

En España, con mejor clima y con gran tradición, no hemos sabido prestigiarnos, quizás por nuestro individualismo o nuestra forma de ser.

Solo hace falta acercarse a nuestro territorio para ver multitud de masías derruidas en una España que, más que vaciada, diría que está abandonada, legislando y dificultando desde la administración para que el agricultor no pueda desarrollarse y desaparezca de su tierra.

Les debemos a nuestros antepasados el hecho de recuperar la dignidad de lo que nos entregaron en vida y en vida nosotros abandonamos, por lo que posiblemente sea el momento de que una parte de la población deba hacer el camino inverso de la ciudad al territorio, posiblemente sea el momento de darnos cuenta de que un mundo mejor es posible en el territorio. Posiblemente, el verdadero lujo del siglo XXI esté en redescubrir y disfrutar la naturaleza.

Hoy, gracias a esta crisis, se están recuperando las palabras básicas de siempre, clasificando las cosas de nuevo según las necesidades de básicas a lúdicas de los seres humanos.

Cosas básicas o esenciales y cosas no básicas y no esenciales, incluso se usan palabras bíblicas que sorprendentemente nadie critica porque se ha convertido en imprescindible para salvar vidas, hoteles medicalizados, llamados ARCAS DE NOÉ.

La verdad es que ya lo dijo Einstein: “Crisis, igual a oportunidad”.

Tenemos la gran oportunidad de repensar qué sociedad queremos para el futuro y más aún, qué sociedad podemos permitirnos tener. Creíamos que era ilimitado el número de personas que puede tener el planeta tierra y no es así, las megaciudades no son la solución que se merecen los seres humanos. Creíamos que era ilimitado el número de aviones para desarrollar la actividad turística global, también trasladamos casi toda la industria a China y un commodity ahora lo convierten en un clúster y en una especialidad, concentrando la oferta industrial, contaminando buena parte del planeta y no pudiendo occidente abastecerse de sus necesidades básicas o esenciales, por reducir sus costes de producción. El planeta se queja en forma de pandemias, de guerras o de desequilibrios medioambientales. Nunca un bichito nos había hecho tan vulnerables e insignificantes aun habiendo acumulado tanto conocimiento y tecnología que todo el mundo creía que habíamos construido un mundo inexpugnable.

Quien me conoce sabe que llevo años diciendo que esta sociedad se está colapsando y ojalá me equivoque.

La globalización debe ser sostenible, las megaciudades ya no son ni sostenibles. Lo que sí que ha venido para quedarse son las tecnologías, pero no todas. Debemos ser capaces de discriminar las tecnologías positivas, las que salvan vidas, no las que la ponen en riesgo, que las hay también, pero se construyen dogmas en torno a todas y solo que debemos querer aquellas que ayudan a las personas, las que nos mantienen conectados o informados o nos ayudan a tener una mayor calidad de vida más digna o un trabajo menos físico y más intelectual.

El ser humano siempre ha buscado y desafiado sus límites, pero esos propios límites a veces te sitúan en el borde del precipicio y por ello han ido desapareciendo unas civilizaciones y dando paso a otras y creo que estamos en ese momento histórico de repensar si queremos seguir arriesgando o por ende repensar cómo podemos reconciliarnos con el planeta tierra. Bajo mi punto de vista, creo que es la hora, es el gran momento para ver qué es esencial, no especialmente en esta crisis, que pasará, sino en nuestra vida y para nuestras generaciones futuras.

Creo sinceramente que hay que hacer una revisión del sistema para replantear una reconstrucción profunda a 20-30 años vista y empezando a revisarlo por el orden actual de esencial a no esencial.

Todos sabemos ahora que lo más esencial es la familia (el hogar) la agroalimentación, la sanidad, el orden (policía y justicia) las tecnologías y la logística, la educación y la formación.

Todo lo anterior necesita de una profunda revisión y si creemos que lo esencial es lo descrito, empecemos a mejorar y proteger lo esencial.

Por tanto, quiero acabar por donde empecé, por el lema del IQS: PERSONA, CIENCIA, EMPRESA.

La persona y su formación y educación es vital, es el centro de nuestras vidas y de nuestro mundo.

La ciencia es la rama del saber humano constituida por el conjunto de conocimientos objetivos y verificables, y de ella depende el progreso.

La empresa es una organización de personas que apoyándose en la ciencia produce bienes y servicios, obteniendo por ello un beneficio económico y de alguna forma generando una competitividad positiva y ética por el progreso.

Espero y deseo que el Coronavirus nos permita reflexionar sobre la esencia de la vida y revisar la teoría de Maslow como de forma consciente o inconscientemente se está haciendo ya, donde tantas y tantas veces nos han explicado que hay que abandonar la base de la pirámide o como mínimo ahí no hay riqueza posible, aunque ahí estén las necesidades básicas o esenciales del ser humano, y así llegar a la cúspide, a la auto realización, a conseguir el sueño de los triunfadores.

Posiblemente hemos creído que todos nos merecemos estar allí arriba, pero como se puede ver en el gráfico de la pirámide, la parte de arriba es muy estrecha y no cabemos todos, sin embargo, hemos abandonado lo que necesitaremos todos toda nuestra vida y las generaciones venideras, porque nos hemos dejado engañar por medio de la comunicación dirigida, la publicidad y los cantos de sirena.

Siempre hay una oportunidad para volver a coger las riendas de nuestro destino, pero no sabemos si tendremos muchas más como la de ahora.

La vida es maravillosa, pero siempre que sepamos interpretarla, vivirla y trabajarla.

Finalizo con estas dos frases:

«A medida que te distancias de aquello que conoces, el riesgo aumenta»

Hemos hecho de la incertidumbre virtud, cuando el ser humano lo que necesita son certidumbres«.


Fuente

I AM NATURAL, blog de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Agronòmica i del Medi Natural (EAMN) perteneciente a la Universitat Politècnica de València (UPV)

 

https://youtu.be/DHwcFmxCu10

 

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